«Todos estamos llamados a la santidad», que «es una meta que no se puede alcanzar únicamente con las propias fuerzas, sino que es fruto de la gracia de Dios y de nuestra libre respuesta a ella». Esto nos enseña el papa Francisco sobre la santidad, y entonces tiene sentido preguntarse: ¿se puede ser santo en el matrimonio? Parece difícil, incluso casi imposible, porque a menudo -al contrario de lo que nos dice el Papa- tendemos a pensar que esto depende solo de nosotros, de cuánto somos capaces y estamos a la altura de nuestro papel de esposo o esposa. Pensamos que tenemos demasiados defectos y demasiadas limitaciones para poder ser santos.
Sin embargo, la Iglesia conoce y honra a esposos santos: entre ellos, los esposos Martin y los beatos Luigi y Maria Beltrame Quattrocchi, quienes, como escribe Maria en el libro La urdimbre y la trama, vivieron «hilo a hilo, entrelazados en Dios, el uno con el otro sin interrupción, hasta la eternidad».
Luigi y Maria compartieron cuarenta y seis años de matrimonio, y su «receta» de vida y santidad era el confiado abandono a la voluntad de Dios en toda circunstancia: así, cuando un médico aconsejó a Maria, embarazada de su cuarta hija, interrumpir el embarazo porque corría un grave peligro de muerte, ella y Luigi decidieron juntos no hacerlo y confiar en el Señor; el 6 de abril de 1914 nació Enrichetta. Cada día, a primera hora de la mañana, iban juntos a misa y se daban los buenos días después de la misa, como si el día comenzara solo entonces.
El ejemplo de Luigi y Maria puede iluminar la vida de muchas parejas casadas, que pueden acudir a ellos con confianza y serenidad.

