12 de abril de 1947 – 12 de abril de 2022: 75o Aniversario de la aparición
Roma, 12 de abril de 1947: es un día de primavera.
Bruno Cornacchiola (1913-2001), tranviario romano de 34 años, junto con sus hijos Isola, de 10 años, Carlo, de 7 años, y Gianfranco, de 4 años, tras perder el tren hacia el Lido de Ostia, decide dirigirse por la Via Laurentina a Tre Fontane, lugar famoso por el martirio de san Pablo. Bruno busca un lugar tranquilo para preparar el discurso que deberá pronunciar al día siguiente sobre el tema: «María no es siempre Virgen e Inmaculada». Se ha convertido en un acérrimo enemigo de la Iglesia católica durante la guerra civil española (1936-1939), donde un militar alemán luterano lo convenció de aceptar el protestantismo. Cegado por el odio, en Toledo había comprado una daga para matar al Papa. Al volver a casa, obliga a su esposa Iolanda a seguirlo en el protestantismo. Ella acepta después de intentar disuadirlo pidiéndole, como última esperanza, que practicara los nueve primeros viernes al Sagrado Corazón de Jesús.

Ese día Bruno se sienta bajo un eucalipto, hojea la Biblia y comienza a tomar notas, mientras sus hijos juegan a la pelota en el claro donde se divisa una cueva excavada en la toba, oscura y maloliente.
Está escribiendo cuando las voces de sus hijos lo interrumpen: «¡Papá, se ha perdido la pelota!». Comienza a buscarla, pero sus hijos caen de rodillas uno tras otro delante de la cueva oscura y, con las manos juntas, repiten: «Bella Señora, Bella Señora…». Bruno no consigue moverlos y, asustado, exclama: «¡Dios, sálvanos tú!».
Ante aquella exclamación, un velo cae de sus ojos y él también ve a la Bella Señora, apoyada descalza sobre un bloque de toba. Tiene una mirada amorosa, pero triste; su cabello negro está cubierto por un largo manto del color de la hierba de los prados en primavera; su vestido blanco está ceñido a la cintura con una faja rosa. Habla a Bruno con voz dulce y se presenta: «Soy la Virgen de la Revelación. Tú me persigues, basta ya. Entra en el Redil Santo [= la Iglesia católica]… Los Nueve Primeros Viernes del Sagrado Corazón que hiciste, impulsado amorosamente por tu fiel esposa, antes de iniciar el camino del error, ¡te han salvado!». El coloquio celestial dura aproximadamente una hora y contiene un mensaje que debe entregarse personalmente al Papa.
De este encuentro nace una maravillosa historia de conversión y de gracia que todavía hoy, 75 años después de los hechos, nos indica ante todo que la Virgen es una Madre que no se cansa de llamar a sus hijos: ¡ninguna distancia la asusta! Ella nos ama, nos espera, nos busca, nos llama… ¡Nos quiere salvos!


