tutto sullindulgenza giubilare un segno di speranza

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Todo sobre la indulgencia jubilar. Un signo de esperanza

Apertura de la Puerta Santa

Nos acercamos a grandes pasos al Jubileo 2025: será un tiempo precioso para redescubrir y saborear de nuevo la esperanza cristiana, a pesar de la oscuridad de las guerras y las divisiones que nos rodean.
El cristiano está llamado a ser peregrino de esperanza, en todo tiempo, porque su esperanza está en Jesús, la luz de toda tiniebla.
Todo en la fe cristiana habla de esperanza, todo nos enseña que la muerte -cualquier muerte (la real, la causada por el pecado, la desesperación, la falta de sentido…)- nunca tendrá la última palabra, porque la última palabra está en Jesús, en su ser camino, verdad y vida; la última palabra es el amor dispuesto al sacrificio, la última palabra es responder al mal con el bien, la última palabra es el perdón, que nuestro Padre celestial está siempre dispuesto a conceder.

¿Qué es la indulgencia?

Signo profundo de todo esto -y, por tanto, signo profundo de una esperanza que no defrauda- es la indulgencia. Como indica la propia palabra, en efecto, la indulgencia expresa el amor indulgente, es decir, misericordioso, de Dios hacia el hombre pecador. Así se define en el Código de Derecho Canónico (can. 992), en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1471) y en el Manual de las indulgencias: «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, debidamente dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, obtiene por medio de la Iglesia, la cual, como ministra de la redención, dispensa y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos».

El pecado grave tiene, en efecto, una doble consecuencia:
1. la privación de la comunión con Dios, que nos hace merecedores de la pena eterna (es decir, del Infierno), queda anulada gracias al sacramento de la Confesión; 2. el apego malsano a las criaturas, que necesita purificación y merece una pena temporal, por la que todavía podemos (hay que subrayar «podemos», porque no somos capaces de saberlo) seguir obligados, a pesar del perdón de las culpas obtenido en la Confesión. Las oraciones que elevamos a Dios, los actos de penitencia que realizamos, las obras de bien que llevamos a cabo y los sufrimientos y las pruebas de la vida, sufridos con paciencia y en la fe, contribuyen a la purificación que, si no se completa plenamente en esta tierra, terminará en el Purgatorio.

Al pecador arrepentido, Dios, en su misericordia, ordinariamente mediante el sacramento de la Reconciliación, le concede el perdón de los pecados y la remisión de la pena eterna. Con la indulgencia, la misericordia divina llega a condonar la pena temporal de los pecados ya confesados y ayuda a superar las tendencias y los desórdenes que el mal cometido dejó en nosotros.

La indulgencia jubilar, la Puerta Santa y mucho más…

En el Año Santo del Jubileo, esta experiencia de misericordia pasa por algunas acciones espirituales indicadas por el Papa que obtienen la indulgencia plenaria: una gracia extraordinaria que sana completamente al hombre, convirtiéndolo en una criatura nueva.
El Jubileo es, en efecto, un período durante el cual la Iglesia concede indulgencias particulares a quienes realizan peregrinaciones, se comprometen en obras de caridad, se dedican a la oración y a la penitencia o atraviesan una de las Puertas Santas proclamadas por el Papa.
Desde un punto de vista puramente material, podemos definir Puerta Santa como la puerta de una iglesia o basílica cristiana que el Papa ha declarado como tal. Esta puerta permanece tapiada y se abre únicamente con ocasión de un Jubileo, cuando puede atravesarse para obtener la indulgencia plenaria de todos los pecados.

Quien, por enfermedad u otro motivo, no pueda peregrinar está igualmente invitado a participar en el movimiento espiritual que acompaña este Año Santo 2025, ofreciendo su propio sufrimiento y su vida cotidiana y participando en la celebración eucarística.
Otra condición particular que el Papa ha querido vincular a la indulgencia es la norma según la cual: «los fieles podrán obtener la indulgencia jubilar si, con ánimo devoto, participan en Misiones populares, ejercicios espirituales o encuentros de formación sobre los textos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica, que se celebren en una iglesia u otro lugar adecuado, según la intención del Santo Padre».
Para este fin, también encontrarás disponibles en nuestra tienda Los Cuadernos del Concilio, solicitados por el papa Francisco precisamente como preparación para el Jubileo: en un único estuche, los 34 ágiles volúmenes, editados por el Dicasterio para la Evangelización y firmados por importantes autores (monseñor Rino Fisichella, monseñor Marco Frisina…). Una ayuda valiosa para prepararte para el Jubileo y vivirlo plenamente.


Todo sobre la indulgencia jubilar. Un signo de esperanza

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