Hoy, 30 de abril de 2023, es el domingo del Buen y Bello Pastor, pero también es la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. ¿Cómo podemos comprenderla?
La fecha
La fecha designada por la Iglesia para vivir la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones es el cuarto domingo de Pascua, en el que, a través de la liturgia y el Evangelio, encontramos al Pastor bueno y bello, Cristo resucitado: él nos llama a seguirlo, a vivir de acuerdo con su Evangelio y a ser testigos de su amor por el mundo. Cada uno con su propia vocación específica, para dar vida a un “poliedro maravilloso”, a través de «la riqueza de la variedad de las vocaciones de las que se compone la Iglesia» (papa Francisco, Christus Vivit 207).

El objetivo
Favorecer en todos, y especialmente en los más jóvenes, el descubrimiento de la propia vocación, es decir, de ese proyecto de amor que Dios tiene para sus hijos, de ese sueño de alegría que Dios alberga para cada una de sus criaturas.
La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones nos recuerda que nuestra vida es fruto de un acto de amor gratuito y libre por parte de Dios, y que cada día estamos llamados a hacer de nuestra existencia un don para los demás y que, unidos, podemos crear un “poliedro maravilloso”, en la belleza variada y la riqueza de ser Iglesia, para que el amor del Señor se difunda a través de nosotros.
La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones ofrece, por tanto, la oportunidad de orar, reflexionar y profundizar en el don y el misterio de la llamada de Cristo a seguirlo -en la vida consagrada, en el ministerio ordenado, en el matrimonio y en el laicado vivido al servicio del Evangelio-, así como en la responsabilidad que de ella se deriva para cada bautizado.

“Un poliedro maravilloso”
Este es el tema elegido para esta edición, tomado de la exhortación apostólica postsinodal Christus Vivit del papa Francisco, dirigida a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios. Con la imagen del poliedro, el papa Francisco llama la atención sobre la pluralidad y reciprocidad entre distintas “llamadas” en la Iglesia y en el mundo: «La pastoral [giovanile] no puede sino ser sinodal, es decir, capaz de dar forma a un “caminar juntos” que implica valorar los carismas que el Espíritu concede según la vocación y el papel de cada uno de los miembros de la Iglesia mediante un dinamismo de corresponsabilidad […].
De este modo, aprendiendo unos de otros, podremos reflejar mejor ese poliedro maravilloso que debe ser la Iglesia de Jesucristo. Esta puede atraer a los jóvenes precisamente porque no es una unidad monolítica, sino una red de diversos dones que el Espíritu derrama incesantemente en ella, haciéndola siempre nueva a pesar de sus miserias» (206-207).
Reflejo del misterio de Cristo
Las distintas vocaciones son, pues, otras tantas caras del mismo poliedro, unidas por una única palabra que, en su momento, cada uno de nosotros siente dirigida a sí mismo: «Sígueme» (Mt 10,8). En ese instante, la mirada amorosa de Dios nos alcanza en Jesús de un modo absolutamente singular y, en la medida en que abrimos nuestro corazón a su amor, nuestra existencia cambia. La vocación, en efecto, es una relación de amistad con el Señor, en una historia que se escribe junto con él y con los demás día tras día, entregando la vida en el amor.

Cada vocación (vida consagrada, ministerio ordenado, matrimonio y laicado) refleja algo del misterio de Cristo y de la riqueza de los dones del Espíritu que están en la Iglesia. La reciprocidad y la comunión de las vocaciones expresan todo el misterio y hacen resplandecer la belleza de Cristo, porque «este es el misterio de la Iglesia: en la convivencia de las diferencias, ella es signo e instrumento de aquello a lo que toda la humanidad está llamada. Por eso la Iglesia debe volverse cada vez más sinodal: capaz de caminar unida en la armonía de las diversidades, en la que todos tienen algo que aportar y pueden participar activamente» (Francisco, Mensaje para la 59a Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, Roma, 8 de mayo de 2022).
La vida cristiana es toda y siempre una respuesta a la llamada de Dios, en cualquier vocación.
Al concluir estas reflexiones, oremos juntos:
Oración por la 60a Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones
Padre bueno, dador de la vida,
la creación, el tiempo y la historia nos hablan de Ti,
de tu amor y de tu pasión por cada uno de nosotros.
A ti, que nos llamaste desde el seno materno,
sembrando en nosotros grandes deseos
de felicidad y plenitud, te pedimos:
envía tu Espíritu
para iluminar los ojos de nuestro corazón
para que podamos reconocer y valorar todo el bien
que has regalado a nuestra vida.
Haz que nos dejemos atravesar por tu luz
para que desde tu Iglesia se reflejen
los colores de tu belleza
y cada uno de nosotros,
respondiendo a la propia vocación,
participen en la obra maravillosa y multiforme
que quieres realizar en la historia.
Te lo pedimos en Cristo Jesús,
tu hijo y nuestro Señor.
Amén.

