Il mondo Shalom
Un viaje profético y una nueva aventura para la Editorial Shalom
Tempo di lettura: 4 min
Autore: Editrice Shalom
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El amo del mundo es la primera novela publicada por la Editorial Shalom. Esta elección no es casual: El amo del mundo, publicada por primera vez en 1907, tiene una actualidad sorprendente y, en este sentido, puede considerarse profética.
¿Quién es Robert Hugh Benson?
El autor es un sacerdote de la Iglesia anglicana que en 1903 se convierte al catolicismo y al año siguiente recibe la ordenación sacerdotal. Predicador, apologista, ensayista y polemista, también es autor de novelas y, para escribir sobre lo que más le preocupa, para describir o, mejor dicho, interpretar los signos del panorama trágico de su tiempo (y no solo de él), elige la forma de la novela, porque está convencido de que puede impactar más y provocar una reacción.
Una novela distópica para leer su tiempo…
Benson vive entre 1871 y 1914 en la Inglaterra de comienzos del siglo XX, por lo que aún están relativamente lejanos los acontecimientos que conmocionarán Europa, es decir, la Primera Guerra Mundial (1914) y la Revolución de Octubre en Rusia (1917); pero, cuando escribe El amo del mundo (1907), es como si advirtiera que el mundo se dirige precisamente hacia una dirección desesperada: la sociedad vive bajo el mito del progreso técnico (la radio de Gugliemo Marconi o el automóvil de Ford, por mencionar solo algunos ejemplos), se engaña creyendo que se basta a sí misma, que puede silenciar la presencia de Dios, y no ve que se está acercando a un abismo trágico.
Para describir su tiempo y recordar a los hombres las profundas verdades en las que cree, Benson elige, por tanto, utilizar el género de la novela histórica alternativa o distópica; es decir, imagina un mundo y un tiempo «diferentes», la historia tal como podría haber sido… e inventa un mundo «futuro», tapizado de goma y anestesiado por la ausencia de ruido, en el que el mito del progreso y la divinización de la humanidad están ganando la partida y se vive con la ilusión de no necesitar ya a Dios. En este escenario se mueven los personajes que encarnan las distintas tensiones sobre las que la novela pretende reflexionar: los protagonistas indiscutibles y contrapuestos son el padre Percy Franklin, futuro último Papa, y Julian Felsenburgh, figura del Anticristo.
«En la novela de Benson parece que el mundo ha alcanzado su paz y su felicidad fuera del catolicismo, es más, a pesar de todas las religiones, pero su paz es un quietismo mortificante y su felicidad es puramente natural. El mundo ha quedado reducido a un cuerpo sin alma» (Corrado Raspini, traductor de la primera edición italiana).
En un mundo como este, en efecto, la piedad y la humanidad se manifiestan, por ejemplo, en recurrir a la eutanasia para quien está a punto de morir o para quien elige morir; en condenar toda forma de violencia, para luego llegar a decretar la muerte, aunque se administre mediante métodos «humanos» y, por tanto, indoloros, para quien sigue creyendo en Dios. En un mundo como este, la medida es el hombre y se llega al absurdo de identificar al hombre mismo con Dios.
…Y nuestro tiempo
En esta visión distópica suya, Benson parece fotografiar la dirección que el mundo está tomando actualmente: un mundo cada vez más olvidado de Dios, convencido de que puede arreglárselas solo, obsesionado con el progreso de la técnica, un mundo en el que se cierne la guerra entre Oriente y Occidente, de la que parte la novela de Benson; un mundo que cree poder decidir sobre la vida y la muerte, como muestran los debates sobre el final de la vida o el aborto.
El propio papa Francisco subraya la actualidad de esta novela: «En una novela que he citado varias veces, El amo del mundo, de Robert Benson, se observa “que la complejidad mecánica no es sinónimo de verdadera grandeza y que, en la exterioridad más fastuosa, se oculta la insidia más sutil” (Verona 2014, 24-25). En este libro, en cierto sentido “profético”, escrito hace más de un siglo, se describe un futuro dominado por la técnica, en el que todo, en nombre del progreso, se uniformiza: en todas partes se predica un nuevo “humanitarismo” que anula las diferencias, borrando las vidas de los pueblos y aboliendo las religiones. Aboliendo todas las diferencias. Ideologías opuestas convergen en una homogeneización que coloniza ideológicamente. Este es el drama, la colonización ideológica; el hombre, en contacto con las máquinas, se aplana cada vez más, mientras la convivencia se vuelve triste y se empobrece. En aquel mundo progresado pero sombrío, descrito por Benson, donde todos parecen insensibles y anestesiados, parece obvio descartar a los enfermos y aplicar la eutanasia, así como abolir las lenguas y las culturas nacionales para alcanzar la paz universal, que en realidad se transforma en una persecución basada en la imposición del consenso, hasta el punto de hacer afirmar a uno de los protagonistas que “el mundo parece estar a merced de una vitalidad perversa, que corrompe y confunde todo” (p. 145)». (Papa Francisco, Discurso del Santo Padre con ocasión del Encuentro con el mundo universitario y de la cultura, 30 de abril de 2023).
…Mientras no regrese el Señor
«Me parece que incluso ahora la catástrofe podría acercarse rápidamente. No; no veo ninguna esperanza mientras… Mientras no regrese el Señor». Esto hace decir Benson a uno de sus personajes: la trágica ilusión del hombre de poder vivir sin Dios y de creerse Dios lo conduce a una lógica despiadada, lo lleva al borde del abismo, porque el hombre sin Dios tiene dificultades incluso para reconocerse como hombre…
El amo del mundo es una novela poderosa, que invita a una reflexión más urgente que nunca hoy, ayudándonos a comprender nuestro tiempo y a vivir nuestra fe con mayor conciencia.

