unestate in musica

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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¡Un verano con música!

Fiesta de la Música

El 21 de junio es el día en que damos oficialmente la bienvenida al verano. Para recibirlo, en muchísimas ciudades italianas hay conciertos e iniciativas que hablan de música. Es una auténtica «Fiesta de la Música», un evento nacido en 1982 en Francia y que después se extendió por toda Europa.

La música es un arte que expresa belleza y nunca como este año -en el que todavía se sienten las secuelas de la pandemia- hemos necesitado tanto la belleza. A este respecto, san Pablo VI, al concluir el Concilio Vaticano II, afirmaba: «Este mundo en el que vivimos necesita la belleza para no caer en la desesperación. La belleza, al igual que la verdad, pone la alegría en el corazón de los hombres y es un fruto precioso que resiste al desgaste del tiempo, que une a las generaciones y hace que se comuniquen mediante la admiración».
En efecto, la música es un lenguaje universal y atemporal, infunde alegría y une a las personas; tiene la extraordinaria capacidad de llegar al corazón y crear armonía entre la mente, el cuerpo y el alma, poniendo orden cuando uno se siente agitado por algún motivo. Muchos la han llamado la «cura» del alma: de hecho, si se escucha un hermoso canto o una música dulce con los ojos cerrados, parece que se alcanza casi otra dimensión. Precisamente por esta capacidad, la música es uno de los principales medios para acercarse a Dios. De hecho, según Bach, «el objetivo de la música no es otro que la gloria de Dios y la recreación de la mente».

El sacerdote y compositor Marco Frisina dice que, a través de la música, expresamos lo que no logramos comunicar con palabras. Las notas, al sucederse de manera armoniosa, hacen crecer en nosotros una sintonía con el Creador; en este caso, la música ensancha el corazón, transformándose en oración y alabanza a Dios.



San Felipe Neri reunía a los niños y jóvenes necesitados y marginados de Roma, y les hacía descubrir la belleza de Dios a través de los himnos religiosos y las composiciones populares. También san Francisco solía terminar sus predicaciones con el canto de los Himnos del Señor y pedía a sus frailes que hicieran lo mismo. De este modo, quería transmitir a las personas que encontraba la alegría que viene de lo alto, es decir, la verdadera alegría, vinculada a la belleza de la Creación y de Dios.

¡La editorial Shalom desea a todos y cada uno un buen verano con música!


¡Un verano con música!

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