viviamo la pentecoste sette cose da sapere

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Autore: Editrice Shalom

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Vivamos Pentecostés: siete cosas que debemos saber

Pentecostés

Pentecostés recuerda y celebra la venida del Espíritu Santo sobre María y los apóstoles reunidos en el Cenáculo. La Iglesia considera esta solemnidad, después de Pascua, el momento más importante de todo el año litúrgico. Estas son siete cosas que debemos saber para profundizar en nuestra relación con el Espíritu Santo, para encontrarnos con él con mayor constancia y confianza, a fin de que nos colme de sus dones.

1. Los orígenes judíos de la fiesta

Literalmente, la palabra Pentecostés indica en griego el día 50. Inicialmente, el pueblo judío la celebraba, precisamente, cincuenta días después de Pascua. Era una fiesta agrícola que coincidía con el inicio de la siega del trigo y los primeros frutos. También se la llama «fiesta de las Semanas» por celebrarse siete semanas después de Pascua.

El propósito original de esta celebración era dar gracias a Dios por los frutos de la tierra, a lo que más tarde se añadió la memoria del don de la ley, los Diez Mandamientos escritos en tablas de piedra y entregados a Moisés en el monte Sinaí, acontecimiento que marca el nacimiento del pueblo de Israel. En el ritual judío, la fiesta incluía: la abstención total de cualquier trabajo, la peregrinación de los hombres a Jerusalén, una asamblea sagrada y sacrificios especiales. Era una de las tres fiestas de peregrinación (Pascua, las Tiendas y Pentecostés), que todo judío devoto estaba invitado a celebrar cada año en Jerusalén.

2. El nuevo significado de la solemnidad cristiana

Pentecostés, en el cristianismo, pierde el significado judío para designar, en cambio, la venida del Espíritu Santo, enviado por Dios a sus fieles, cincuenta días después de Pascua. La primera referencia a Pentecostés como una fiesta particular en honor del Espíritu Santo se debe a Tertuliano (155-220). A finales del siglo IV, en la vigilia de esta fiesta se había introducido la costumbre de administrar el Bautismo a quienes no habían podido recibirlo durante la noche de Pascua. En Occidente, durante la época carolingia, aparece la Octava de Pentecostés, mientras que en Oriente ya estaba presente.
La reforma de Pío XII de 1955 conservó únicamente la celebración de la santa Misa. También se abolió la celebración de la octava de la fiesta, concluyendo la celebración litúrgica en la tarde de Pentecostés.

3. Dónde se encuentra el pasaje de la Biblia que narra Pentecostés

El pasaje más célebre sobre la venida del Espíritu Santo se narra en el capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles. Los apóstoles junto con María, la madre de Jesús, estaban reunidos en Jerusalén, en el Cenáculo, donde después solían reunirse cuando estaban en la ciudad. Como era tradición, numerosos judíos habían acudido a Jerusalén para celebrar Pentecostés con la peregrinación prescrita. El texto dice: «Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba impetuosamente, y llenó toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse».
El texto sagrado continúa con la primera predicación de Pedro. Así comienza el recorrido de la Palabra de Dios que, partiendo de Jerusalén, es anunciada a lo largo de todos los siglos a hombres y mujeres, en cualquier lugar y situación, para que vivan la experiencia del encuentro personal con Jesucristo.

4. Los símbolos del Espíritu Santo

El Espíritu Santo es, sin duda, la persona más misteriosa y desconocida de la Trinidad. Cuando pensamos en Dios Padre, nos ayuda nuestra experiencia de la paternidad humana; cuando hablamos del Hijo, de Jesucristo, recordamos que fue hombre como nosotros y los rasgos de su humanidad que nos transmite el Evangelio; pero cuando hablamos del Espíritu Santo, nuestra imaginación vacila… aunque la Biblia nos ayuda con algunas comparaciones. Son elementos simbólicos que nos ayudan, a través de lo que vemos y sentimos, a acercarnos a lo invisible.

Los más importantes son: el viento, el fuego, el agua y la paloma. Él, como dice Jesús, es viento «que sopla donde quiere; oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va» (Jn 3,8), y en ello percibimos su libertad. Es soplo, aliento de vida, y en ello intuimos su fuerza. También es fuego que enciende el corazón y purifica; es «agua viva» que brota del corazón de Cristo crucificado y es fuente de vida y fecundidad.

El Espíritu es como una paloma. En el Génesis leemos que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas y que fue una paloma la que llevó a Noé la ramita de olivo (Gn 8,11), anunciando el fin del diluvio universal y el comienzo de la salvación y de una nueva era de paz entre Dios y los hombres. En el Evangelio encontramos la paloma en la anunciación y en el bautismo de Jesús. Su significado es el de la reconciliación entre Dios y el hombre, que marca un nuevo comienzo, una nueva creación.

5. Quién es el Espíritu Santo

Muchas imágenes intentan expresar algo sobre el Espíritu Santo. Pero el Espíritu no es algo: es Alguien. No es un objeto: es un Sujeto. Es una persona: un «yo» que es un abismo lleno de amor, alegría, paz, sabiduría y vida. San Bernardo, para explicar quién es el Espíritu Santo, decía: «Si imaginamos al Padre que besa al Hijo y al Hijo que recibe el beso, podemos decir que el Espíritu Santo es ese beso, el beso del amor». San Agustín sintetizó de manera admirable el misterio de la Santísima Trinidad: el Amante, el Amado, el Amor. El Espíritu es el amor que Dios derrama en nosotros. Es el amor que hace que las palabras de Jesús se enciendan en nosotros. Es el amor que nos enseña lo que es bueno, santo y agradable a Dios.

6. Cuáles son los dones del Espíritu Santo

El Espíritu es «el don más grande de Dios al hombre y, por tanto, el testimonio supremo de su amor por nosotros» (Benedicto XVI), y este amor, nos recuerda san Pablo, «ha sido derramado en nuestros corazones» (Rm 5,5), y nos hemos convertido en «templo del Espíritu Santo» (1 Cor 6,19).
El Espíritu Santo es el inagotable dador de dones y, según la enseñanza del profeta Isaías, son siete los que se le atribuyen: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
En la vida del cristiano, estos dones se reciben con la gracia del Bautismo y son confirmados por el sacramento de la Confirmación.

7. En qué momentos invocar al Espíritu Santo

El Espíritu Santo, recibido con el Bautismo, es un don que el Padre está siempre dispuesto a darnos cuando se lo pedimos. Por eso el papa Francisco dice que es importante no olvidar al Espíritu Santo en nuestra oración: «A menudo rezamos a Jesús; rezamos al Padre, especialmente en el “Padre nuestro”; pero no rezamos tan frecuentemente al Espíritu Santo, ¿verdad? Es el olvidado. Y necesitamos pedir su ayuda, su fortaleza, su inspiración», así como «poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión que todos hemos recibido en virtud del Bautismo».
Cuando nos cuesta encontrar las palabras, podemos simplemente susurrarle: «¡Ven, Espíritu Santo!», o recurrir a una de las oraciones de invocación más bellas contenidas en el magnífico y sugestivo himno «Veni Creator», atribuido al arzobispo de Maguncia Rabano Mauro y que se remonta al siglo IX. Es un himno que une oración, meditación e invocación, y puedes encontrarlo en algunos subsidios de nuestro sitio, junto con muchísimas oraciones de ayer y de hoy.

¡Que sea el mismo Espíritu Santo, maestro de oración, quien nos enseñe el camino de la oración!
¡Feliz Pentecostés!


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