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Crema facial reconstituyente y antioxidante con jalea real e insaponificable de oliva, elaborada y envasada por las monjas cistercienses de Valserena. Indicada para pieles secas y deshidratadas. Jalea real: comúnmente llamada alimento real, es el producto de una secreción de las glándulas de las abejas nodrizas y constituye el principal alimento de las larvas y de la abeja reina, ya que contiene polifenoles, flavonoides y vitaminas. Tiene propiedades nutritivas, hidrata la piel en profundidad y repone las vitaminas, los lípidos esenciales y las sustancias emolientes fundamentales para obtener una piel joven, suave e intensamente protegida. Antioxidante, protege la piel de los efectos negativos de los rayos UV y, por tanto, del envejecimiento prematuro. Revitalizante, promueve la regeneración celular y estimula la producción de colágeno y elastina. El insaponificable del aceite de oliva aporta a la piel importantes principios protectores, como los fitoesteroles y las ceras, que confieren al producto propiedades emolientes, suavizantes y liporrestauradoras, potenciando sus efectos protectores.
Envasada en un práctico tarro de 50 ml.
Modo de uso: Aplicar una vez al día, masajeando hasta su completa absorción, preferiblemente por la noche antes de acostarse, después de un lavado minucioso con un limpiador suave.
Ingredientes: Aqua, C12-20 Acid Peg-8 Ester, Olea Europea Oil Unsaponificables, Glyceryl Stearate Se, Royal Jelly, Dimethicone, Phenoxyethanol, Imidazolidinyl Urea, Methylparaben, Parfum, Allantoin, Propylparaben, Disodium Edta, Aminomethyl Propanol, Lecithin, Alpha-Isomethyl Ionone, Linalool, Tocopherol, D-Limonene, Ascorbyl Palmitate, Citric Acid, Amyl Cinnamal, Cinnamyl Alcohol, Citral.
Reseña histórica: Desde 1968, en el laboratorio del monasterio cisterciense de Valserena se elaboran productos para el cuidado personal. Esta actividad permite el sustento de la comunidad y la ayuda a las fundaciones en tierras de misión. El monasterio pertenece a la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, instituto monástico consagrado íntegramente a la vida contemplativa. En el interior de la clausura, las monjas se dedican al culto de Dios según la Regla de San Benito.