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La Medalla Milagrosa tiene su origen en las apariciones marianas acontecidas en 1830 en París, en la Rue du Bac, a la novicia santa Catalina Labouré. Este colgante reproduce fielmente los detalles de aquel diseño celestial, configurándose no como un simple adorno, sino como un auténtico sacramental aprobado por la Iglesia.
La figura central muestra a la Bienaventurada Virgen María Inmaculada erguida sobre el globo terráqueo, representada en el acto de aplastar la cabeza de la serpiente insidiosa, en plena concordancia con la profecía bíblica del Génesis. De sus manos abiertas brotan rayos de luz, que simbolizan las gracias que la Madre de Dios derrama sobre toda la humanidad y, en particular, sobre quienes la invocan con confianza.
El artículo se distingue por la extraordinaria precisión de los relieves, que permite leer claramente a lo largo del borde perimetral la invocación original: "Oh María concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti". Esta jaculatoria anticipó históricamente en nada menos que veinticuatro años la solemne proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción por parte del papa Pío IX. En la base de la efigie está grabada la histórica fecha 1830, como memoria perpetua del año en que el Cielo concedió este don de protección al mundo.
Con una altura de 2,2 cm, esta medalla posee un tamaño versátil y discreto, ideal para llevarla cerca del corazón:
Material resistente: El latón dorado confiere al colgante el cálido brillo del oro, garantizando una notable resistencia al desgaste diario y manteniendo intactos los detalles del bajorrelieve.
Listo para llevar: La medalla cuenta en la parte superior con una resistente anilla pasante, que facilita su colocación en cadenas de distintos grosores, cordones de tela o su integración como elemento central en la creación de rosarios hechos a mano.
Esta pequeña obra maestra de arte devocional representa el detalle ideal para acompañar a los fieles en etapas cruciales de la vida cristiana, como el Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación o con motivo de un viaje importante. Es un artículo imprescindible tanto para los laicos que desean un signo tangible de su fe como para parroquias, capellanías, librerías católicas y comercios de artículos religiosos.